Chile » Región de Los Lagos » Los Pellines » APOYO A LA FAMILIA / Viernes 20 de Febrero del año 200 / 18:33 Horas. Qué es la difteria? síntomas, diagnóstico, tratamiento, prevención seudomembrana cerca de las amígdalas u otras áreas de la garganta. La seudo...
La difteria es una infección contagiosa que a veces resulta mortal y que está causada por la bacteria Corynebacterium diphtheriae.
Hace algunos años, la difteria era una de las causas principales de muerte infantil. Hoy en día la difteria es muy poco frecuente en los países desarrollados, principalmente gracias a la vacunación masiva contra la enfermedad. Sin embargo, las bacterias de la difteria todavía existen en el mundo y pueden causar brotes epidémicos si no se recurre a una vacunación amplia. El brote más importante de los últimos 50 años tiene lugar actualmente en Rusia y en otros países de la anterior Unión Soviética.
Las bacterias de la difteria se encuentran habitualmente en las gotas de humedad que se expulsan con la tos. Rara vez las bacterias pueden propagarse a través de objetos o de artículos contaminados del hogar, como ropa o juguetes. Habitualmente las bacterias se multiplican en la superficie o cerca de las membranas mucosas de la boca o de la garganta, donde causan inflamación. Algunos tipos de Corynebacterium diphtheriae liberan una toxina potente que puede causar lesiones en el corazón y el cerebro.
Síntomas
La infección empieza entre uno y cuatro días después de la exposición a las bacterias. Los síntomas suelen comenzar con una inflamación leve en la garganta y con dolor al tragar. Por lo general, el niño tiene algo de fiebre, una frecuencia cardíaca acelerada, náuseas, vómitos, escalofríos y dolor de cabeza. Los ganglios linfáticos del cuello pueden inflamarse. El niño puede tener mucha mucosidad en la nariz que, a menudo, sólo afecta a un orificio nasal, si las bacterias se localizan en la nariz. La inflamación puede extenderse de la garganta a la caja de la voz (laringe) y puede causar hinchazón de la garganta hasta el punto de estrechar la vía respiratoria y dificultar la respiración.
En la mayoría de los casos, las bacterias forman una seudomembrana (una lámina de material compuesto de glóbulos blancos muertos, bacterias y otras sustancias) cerca de las amígdalas u otras áreas de la garganta. La seudomembrana es áspera y tiene un color gris sucio. Si se extrae bruscamente, puede producirse una hemorragia de las membranas mucosas subyacentes. La seudomembrana puede estrechar los conductos respiratorios o desprenderse de improviso y bloquear completamente la vía respiratoria, impidiendo que el niño pueda respirar (una situación urgente). Sin embargo, algunos niños con difteria leve nunca llegan a desarrollar una seudomembrana.
Si las bacterias liberan una toxina, ésta puede diseminarse por el flujo sanguíneo y dañar los tejidos de todo el cuerpo, sobre todo el corazón y los nervios. La lesión del músculo cardíaco (miocarditis) es habitualmente muy grave entre el día 10 y el 14, pero puede ocurrir en cualquier momento entre la primera y la sexta semana. La lesión cardíaca puede ser ligera, y en ese caso puede manifestarse sólo como una anomalía menor en el electrocardiograma, o muy grave, hasta el punto de causar insuficiencia cardíaca y muerte súbita.
La toxina generalmente afecta a ciertos nervios, como los de la garganta, y provoca dificultades para tragar. Estos nervios suelen afectarse durante la primera semana de la enfermedad. Entre la tercera y la sexta semana pueden inflamarse los nervios de los brazos y de las piernas, produciendo debilidad. El corazón y los nervios se recuperan lentamente a lo largo de varias semanas.
La difteria también puede afectar a la piel (difteria cutánea). Aunque es más frecuente en los trópicos, la difteria cutánea también ocurre en algunos países desarrollados, particularmente en personas con escasa higiene que viven en núcleos superpoblados (por ejemplo, las personas sin hogar). En casos muy raros la difteria afecta a la vista.
Diagnóstico y tratamiento
El médico piensa en la difteria cuando un niño enfermo tiene la garganta irritada y presenta una seudomembrana. El diagnóstico puede confirmarse sacando un espécimen de la membrana de la garganta del niño con un hisopo para realizar un cultivo de las bacterias.
El niño con síntomas de difteria es hospitalizado en una unidad de cuidados intensivos y recibe una antitoxina (anticuerpo que neutraliza la toxina de la difteria que está circulando), tan pronto como sea posible. Sin embargo, debe primero asegurarse, mediante un análisis especial de la piel, de que el niño no es alérgico a la antitoxina, que está fabricada con suero de caballo. Un niño alérgico a la antitoxina primero debe ser desensibilizado; para ello, se comienza con dosis muy pequeñas de antitoxina y progresivamente se van aumentando.
En la unidad de cuidados intensivos, el médico y las enfermeras comprueban que la respiración no esté obstruida y que el corazón funcione de forma satisfactoria. Después se administran antibióticos, como penicilina o eritromicina, para erradicar las bacterias de la difteria.
La recuperación después de una difteria grave es lenta y un niño con la infección debe evitar reanudar sus actividades demasiado pronto, ya que incluso el ejercicio físico normal puede causar daño a un corazón inflamado.
Prevención
Los niños son inmunizados contra la difteria de forma sistemática. La vacuna de la difteria se combina habitualmente con la vacuna del tétanos y de la tos ferina (pertussis), bajo la denominación DTP (difteria-tétanos-pertussis). Si alguien que ha sido vacunado contra la difteria entra en contacto con una persona infectada, una dosis de refuerzo aumenta la protección.
Cualquier persona en contacto con un niño infectado debe ser examinada y debe sacarse una muestra de su garganta con un hisopo para realizar un cultivo. Preventivamente se le administran antibióticos durante 7 días y se le controla para detectar cualquier signo de la enfermedad. También se vacunará y se administrará una dosis de refuerzo que contenga la bacteria de la difteria a cualquier persona que esté en contacto con un niño infectado y que no haya sido vacunado o que no haya recibido una dosis de refuerzo en los 5 años anteriores. Las personas con cultivos de garganta negativos y que recientemente hayan sido vacunadas contra la difteria no necesitan tratamiento y tampoco suponen un riesgo para los demás. Sin embargo, los portadores de bacterias de la difteria (que no tienen síntomas) sí pueden propagar la enfermedad; por consiguiente, estas personas también requieren antibióticos y se les deben realizar cultivos repetidos de la garganta para detectar evidencia de la enfermedad.